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¿Quién explanará sus guerras, sus enemistades, sus envidias, sus aceleramientos y movimientos y descontentamientos? Y no pienses que tu privanza con este señor te hace seguro, que cuanto mayor es la fortuna, tanto es menos segura. De lo cual no el malo, mas el bueno, como tú, es digno que tenga perfecta virtud.

¿Aquel mudar de trajes, aquel derribar y renovar edificios, y otros muchos afectos diversos y variedades que de esta nuestra flaca humanidad nos provienen? Y tanto en los infortunios el remedio es a los amigos. Y aun te digo que la virtud perfecta no pone que sea hecho condigno honor.

El autor a un su amigo Suelen los que de sus tierras ausentes se hallan considerar de qué cosa aquel lugar de donde parten mayor inopia o falta padezca, para con la tal servir a los conterráneos de quien en algún tiempo beneficio recibido tienen; y, viendo que legítima obligación a investigar lo semejante me compelía para pagar las muchas mercedes de vuestra libre liberalidad recibidas, asaz veces retraído en mi cámara, acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidos por ventores y mi juicio a volar, me venía a la memoria, no sólo la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra, por la muchedumbre de galanes y enamorados mancebos que posee, pero aun en particular vuestra misma persona, cuya juventud de amor ser presa se me representa haber visto y de él cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos, las cuales hallé esculpidas en estos papeles, no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas. SEMPRONIO.- Madre mía, bien tendrás confianza y creerás que no te burlo. Quiero que sepas de mí lo que no has oído, y es que jamás pude, después que mi fe contigo puse, desear bien de que no te cupiese parte. Digo que me alegro de estas nuevas como los cirujanos de los descalabrados. Cantan los carpinteros, péinanla los peinadores, tejedores, labradores en las huertas, en las aradas, en las viñas, en las segadas con ella pasan el afán cotidiano. Días grandes son pasados que mi madre, mujer pobre, moraba en su vecindad, la cual, rogada por esta Celestina, me dio a ella por sirviente; aunque ella no me conoce por lo poco que la serví y por la mudanza que la edad ha hecho. PÁRMENO.- Señor, iba a la plaza y traíale de comer, y acompañábala, suplía en aquellos menesteres que mi tierna fuerza bastaba.

Y como mirase su primor, sutil artificio, su fuerte y claro metal, su modo y manera de labor, su estilo elegante, jamás en nuestra castellana lengua visto ni oído, leilo tres o cuatro veces. Toma el manto y vamos, que por el camino sabrás lo que, si aquí me tardase en decirte, impediría tu provecho y el mío. CELESTINA.- Parta Dios, hijo, de lo suyo contigo, que no sin causa lo hará, siquiera porque has piedad de esta pecadora de vieja. Pues juntos nos ha menester, juntos nos aprovechemos, que conocer el tiempo y usar el hombre de la oportunidad hace los hombres prósperos. Y como aquellos dañan en los principios las llagas y encarecen el prometimiento de la salud, así entiendo yo hacer a Calisto: alargarle he la certinidad del remedio, porque, como dicen, «el esperanza luenga aflige el corazón» y, cuanto él la perdiere, tanto se la promete. SEMPRONIO.- Callemos, que a la puerta estamos y, como dicen, las paredes han oídos. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Pero de aquel poco tiempo que la serví, recogía la nueva memoria lo que la vieja no ha podido quitar.

Pues no menos disensiones naturales creemos haber en los pescados, pues es cosa cierta gozar la mar de tantas formas de peces cuantas la tierra y el aire cría de aves y animalias, y muchas más. ¡Nunca Dios te vea, nunca Dios te consuele ni visite! Mas, como en caso tan arduo, do todo mi bien y vida pende, es necesario proveer, proveo a los acontecimientos, como quiera que creo que tus buenas costumbres sobre buen natural florecen, como el buen natural sea principio del artificio. Déjame tú a Pármeno, que yo te le haré uno de nos, y de lo que hubiéremos, démosle parte, que los bienes, si no son comunicados, no son bienes. Yo le traeré manso y benigno a picar el pan en el puño. Como la sanguijuela saca la sangre, desagradecen, injurian, olvidan servicios, niegan galardón. Como se escribe de la probática piscina, que de ciento que entraban sanaba uno. No te retraigas ni amargues, que la natura huye lo triste y apetece lo delectable. Por eso, manda, que a tu mandado mi consentimiento se humilla.

Aristóteles y Plinio cuentan maravillas de un pequeño pez llamado echeneis, cuánto sea apta su propiedad para diversos géneros de lides. ¡Guay de la triste que en ti tiene su esperanza y el fin de todo su bien! ¿Tú piensas que la distancia del lugar es poderosa de apartar el entrañable amor, el fuego que está en mi corazón? No te aflijas ni me atormentes más de lo que yo he padecido; mas di, ¿qué pasos suenan arriba? Estos señores de este tiempo más aman a sí que a los suyos, y no yerran; los suyos igualmente lo deben hacer. El deleite es con los amigos en las cosas sensuales, y especial en recontar las cosas de amores y comunicarlas: «Esto hice, esto otro me dijo, tal donaire pasamos, de tal manera la tomé, así la besé, así me mordió, así la abracé, así se allegó. CELESTINA.- De los hombres es errar y bestial es la porfía. SEMPRONIO.- Pues calla, que yo te haré espantar dos tanto. No hay pestilencia más eficaz que el enemigo de casa para empecer. Acto II ARGUMENTO DEL SEGUNDO ACTO Partida Celestina de Calisto para su casa, queda Calisto hablando con Sempronio, criado suyo; al cual, como quien en alguna esperanza puesto está, todo aguijar le parece tardanza.

Para disculpa de lo cual todo, no sólo a vos, pero a cuantos lo leyeren, ofrezco los siguientes metros. Asaz era amiga de estudiantes y despenseros y mozos de abades. Con todos esos afanes nunca pasaba sin misa ni vísperas, ni dejaba monasterios de frailes ni de monjas; esto porque allí hacía ella sus aleluyas y conciertos. ¡Oh Calisto, desaventurado, abatido, ciego, y en tierra está adorando a la más antigua puta tierra, que fregaron sus espaldas en todos los burdeles! Bien te oí, y no pienses que el oír con los otros exteriores sesos mi vejez haya perdido, que no sólo lo que veo oigo y conozco, mas aun lo intrínseco con los intelectuales ojos penetro. Dejadas burlas y pasatiempos, oye ahora, mi hijo, y escucha.

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Entre las serpientes, el bajarisco crió la natura tan ponzoñoso y conquistador de todas las otras, que con su silbo las asombra y con su venida las ahuyenta y disparce, con su vista las mata. Tenía huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de niño, haba morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de hiedra, espina de erizo, pie de tejón, granos de helecho, la piedra del nido del águila y otras mil cosas. PÁRMENO.- Quéjome, señor, de la duda de mi fidelidad y servicio, por los prometimientos y amonestaciones tuyas. Escucha y déjame hablar lo que a ti y a mí me conviene. CELESTINA.- No me congojes ni me importunes, que sobrecargar el cuidado es aguijar el animal congojoso. De verte o de oírte descender por la escalera parlan lo que éstos fingidamente han dicho, en cuyas falsas palabras pones el fin de tu deseo. Y yo así, como verdadera madre tuya, te digo, so las maldiciones que tus padres te pusieron si me fueses inobediente, que por el presente sufras y sirvas a este tu amo que procuraste, hasta en ello haber otro consejo mío. , dirás que adonde hay mayor entendimiento hay menor fortuna. Y puesto que yo a lo que dices me incline, sólo yo querría saberlo, porque a lo menos por el ejemplo fuese oculto el pecado. Mas humano es confiar, mayormente en ésta que interés promete, a do provecho no puede allende de amor conseguir. Madre, no se debe ensañar el maestro de la ignorancia del discípulo; si no raras veces, por la ciencia, que es de su natural comunicable y en pocos lugares, se podría infundir.Vi que no tenía su firma del autor, el cual, según algunos dicen, fue Juan de Mena, y, según otros, Rodrigo Cota; pero, quienquiera que fuese, es digno de recordable memoria por la sutil invención, por la gran copia de sentencias entregeridas, que so color de donaires tiene. Y, pues él, con temor de detractores y nocibles lenguas, más aparejadas a reprehender que a saber inventar, quiso celar y encubrir su nombre, no me culpéis, si en el fin bajo que lo pongo, no expresare el mío. Era el primero oficio cobertura de los otros, so color del cual muchas mozas de estas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras, y otras muchas cosas. Y luego vamos, que no se debe dejar crecer la hierba entre los panes ni la sospecha en los corazones de los amigos, sino limpiarla luego con el escardilla de las buenas obras. Y digo inmérito por lo que te he oído decir, de que no hago caso, porque virtud nos amonesta sufrir las tentaciones y no dar mal por mal.Mayormente que siendo jurista yo, aunque obra discreta, es ajena de mi facultad y quien lo supiese diría que no por recreación de mi principal estudio, del cual yo más me precio, como es la verdad, lo hiciese, antes distraído de los derechos, en esta nueva labor me entremetiese. Asimismo, pensarían que no quince días de unas vacaciones, mientras mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo y menos acepto. Ninguna venía sin torrezno, trigo, harina o jarro de vino, y de las otras provisiones que podían a sus amas hurtar; y aun otros hurtillos de más cualidad allí se encubrían. Y especial cuando somos tentados por mozos y no bien instrutos en lo mundano, en que con necia lealtad pierdan a sí y a sus amos, como ahora tú a Calisto.Que quiere decir: «En verdad así es, y así todas las cosas de esto dan testimonio: las estrellas se encuentran en el arrebatado firmamento del cielo; los adversos elementos unos con otros rompen pelea; tremen las tierras; ondean los mares; el aire se sacude; suenan las llamas; los vientos entre sí traen perpetua guerra; los tiempos con tiempos contienden y litigan entre sí, uno a uno y todos contra nosotros». Hacía lejías para enrubiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios, con salitre, con alumbre y milifolia y otras diversas cosas. Desde aquí adoro la tierra que huellas y en reverencia tuya beso. ¡Los huesos que yo roí piensa este necio de tu amo de darme a comer! Y en lo vegetativo, algunas plantas han este respecto, si sin interposición de otra cosa en poca distancia de tierra están puestas, en que hay determinación de herbolarios y agricultores ser machos y hembras. Que la voz tienes ronca, las barbas te apuntan; mal sosegadilla debes tener la punta de la barriga. CELESTINA.- ¡Y aun peor, que la otra muerde sin hinchar y la tuya hincha por nueve meses! Amo a Calisto porque le debo fidelidad, por crianza, por beneficios, por ser de él honrado y bien tratado, que es la mayor cadena que el amor del servidor al servicio del señor prende, cuanto lo contrario aparta. CELESTINA.- Pármeno, ¿tú no ves que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar? Que, como Séneca dice, «los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades», porque en breve tiempo con ninguno pueden firmar amistad.El verano vemos que nos aqueja con calor demasiado, el invierno con frío y aspereza. Y los untos y mantecas que tenía es hastío de decir: de vaca, de oso, de caballos y de camellos, de culebra y de conejo, de ballena, de garza, de alcaraván, de gamo y de gato montés, y de tejón, de arda, de erizo, de nutria. Véole perdido, y no hay cosa peor que ir tras deseo sin esperanza de buen fin, y especial pensando remediar su hecho tan arduo y difícil con vanos consejos y necias razones de aquel bruto Sempronio, que es pensar sacar aradores a pala de azadón. PÁRMENO.- Por eso lloro, que, si con llorar fuese posible traer a mi amo el remedio, tan grande sería el placer de la esperanza que de gozo no podría llorar; pero así, perdida ya toda la esperanza, pierdo el alegría y lloro. Y el que está en muchos cabos está en ninguno, ni puede aprovechar el manjar a los cuerpos que en comiendo se lanza, ni hay cosa que más la sanidad impida que la diversidad y mudanza y variación de los manjares.

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